Aparentemente hoy es una fecha sin relevancia como otra cualquiera, salvo porque el cine nos recuerda que Marty McFly llegó al futuro, hoy nuestro presente, desde 1985. Pero como dice mi amigo Luilli, soy muy dado a recordar a los muertos y también, como no, los acontecimientos históricos que rodean a esos muertos y que a mí me divierten llenando el anecdotario de mi vida de momentos también históricos.
Además de la llegada de Marty en su patinete “hoverboard”, hoy también se recuerda un acontecimiento que forjó la historia del mundo que hoy conocemos. O quizá por ponerlo más modestamente, el comienzo de la “Pax Britanica”, que permitiría a Inglaterra y especialmente a la flota de la Royal Navy disfrutar más de 100 años de paz en la mar sin otra armada que la desafiase. La fecha del 21 de Octubre se celebra todos los años en las filas de la Royal Navy porque representa una victoria, perseguida durante varias décadas, sobre los Franceses y Españoles por el dominio de los mares de una gran parte del mundo. Sobre esta interpretación podemos discrepar y discutir largo y tendido, pero yo prefiero dejar a un lado los ardores patrios contra la pérfida Albión y simplemente recordar los acontecimientos históricos. El que mejor nos habló de estos personajes históricos fue Benito Perez Galdós en el primer capítulo de los episodios Nacionales, Trafalgar. Como Galdós nos recuerda en el libro, nuestra Armada no sería la que fué si no fuese por haberse enfrentado en innumerables ocasiones a la Royal Navy y haber rivalizado juntas por el dominio de los mares. Creo que este sentir es recíproco, el almirante Horatio Nelson y la figura histórica que representa, no sería la que es sin Federico Gravina, Churruca y otros muchos marinos ilustres Españoles que murieron en Trafalgar; por supuesto tampoco lo sería sin Napoleón, abatido y humillado en El Nilo. Algo que me fascina especialmente de todas estas historias es, en primer lugar, el respeto y la admiración que los marinos Ingleses tenían por los Españoles y que hacía de un combate naval un duelo entre caballeros, cargado de respeto e incluso porqué no decirlo, de cierto romanticismo. En segundo lugar porque muchos de esos marinos eran gentes muy ilustradas. Nuestra Armada era una marina de hombres ilustres, muy bien educados y formados; algunos eran arquitectos, matemáticos, científicos, biólogos, astrónomos, geógrafos, cartógrafos y por supuesto, eran exploradores de fronteras. El equivalente actual de ellos serían los ingenieros de la NASA y ESA que hoy exploran las fronteras de nuestro sistema solar en misiones con vehículos espaciales y robots como “Curiosity” en Marte. Con total seguridad también, aunque Ingleses y Españoles combatían en el mar, compartían algo que une y acerca: tenían en común la curiosidad por entender el mundo.
Trato de ver el día de hoy, algo más de 210 años después, desde una perspectiva más bonita que las astillas, sables, las balas de cañón y el olor a pólvora de los cañones de 24 libras. La cuestión podría empezar en un lugar conocido por muchos y con una pregunta que quizá no siempre nos hemos preguntado: ¿por qué razón la plaza más importante y grande de Londres tiene nombre de un Cabo de la costa Atlántica del Sur de España, en la Provincia de Cádiz? Los turistas van a Londres y se tiran fotos al lado de unos leones gigantes que custodian una columna Corintia con un marino en lo más alto que mira hacia Westminster a través de Whitehall y al final, al otro lado del Canal hacia Francia. El bronce que encarna esos leones pertenece a la fundición de cañones Españoles perdidos en combate. Los barcos que los portaban y las tripulaciones que los dispararon fueron apresados, heridos, destruidos, quemados o hundidos en la batalla de Trafalgar, esas eran las órdenes del Almirantazgo. En la base de esa columna Corintia hay cuatro escenas de batallas navales: San Vicente, Copenhague, El Nilo y Trafalgar. Llegando a la plaza por Strand y dejando la National Gallery y la iglesia de St. Martin-in-the-Fields a la derecha, al cruzar la rotonda se pasa por un edificio espectacular con tres arcos que entra en The Mall y atraviesa St Jame’s Park; desde ahí se dirigían las acciones y operaciones navales de la flota inglesa en el mundo, es el Almirantazgo Británico (en realidad ese arco aún no existía en 1805, pero sí el edificio adjunto. El arco y el edificio lo construyó Eduardo VII en honor a la Reina Victoria – en la fachada se puede leer: “ANNO DECIMO EDWARDI SEPTIMI REGIS VICTORIÆ REGINÆ CIVES GRATISSIMI MDCCCCX”, que es “In the tenth year of the reign of King Edward VII, to Queen Victoria from a grateful nation, 1910”). La plaza de la que hablo es Trafalgar, pero el nombre no es inglés. Trafalgar responde al nombre árabe “Taraf al Ghar” que significa “El cabo de La Cueva“. Es el Cabo Trafalgar en Caños de Meca, municipio de Barbate, Cadiz.
Hoy hablando de Marty, su monopatín supersónico y las botas Nike de cordones que se anudan automáticamente apretando un botón, mis amigos y amigas me han recordado este acontecimiento histórico y me han animado a sacar del cajón una historia escondida que escribí hace varios años recordando varios de estos momentos que hay a los pies del Almirante Nelson en su columna de Trafalgar. Ahí va….
Parece ser que el pintor Benjamin West tuvo una historia que contar después de la muerte del almirante Nelson en la que se predecía de algún modo su leyenda y muerte por el disparo de un francotirador francés apostado en la cofa del “Redoutable” en una otoñal mañana de poniente Gaditano.
En algún momento del año 1801, tres años después de la destrucción de la flota Napoleónica en la desembocadura de El Nilo y uno antes del comienzo de la campaña que terminó en Trafalgar, West y Nelson se encontraron en una fiesta. Durante los tres años siguientes Nelson, sin poner pie en tierra hasta Septiembre de 1805 en Spithead, perseguiría obsesivamente a Franceses y Españoles por todo el Mediterráneo, Atlántico y Mar Caribe con el único propósito de aniquilar totalmente su poder naval. Esto ocurriría el 21 de Octubre de 1805 en Trafalgar. En aquella cena, Nelson que era más bien un hombre de intrépida acción, se lamentó ante West de su limitada educación artística, pero le dijo que había una pintura que admiraba sobre todas las demás y esa era “The death of Wolfe” que representa la muerte del general James Wolfe en la batalla de Quebec (1759) durante la guerra de los siete años…..
…..Nelson entonces le pregunto por qué razón no tenía más pinturas de ese estilo, a lo que West respondió: “because there are no more subjects”…..“Damn it!” Respondió Nelson; “I did not think of that”…..y después de una pausa Nelson sugirió a West ir a tomar una copa de brandy a un salón contiguo……”My Lord” se aventuró West a preguntar…..”I fear that your own intrepidity may yet furnish me with another such scene, and if it should, I shall certainly avail myself of it”…….”Will you?” le preguntó Nelson mientras le servía más brandy……”will you Mr. West? Then I hope I shall die in the next Battle”.
Bueno. Entonces ya todos sabemos lo que ocurrió la tarde del 21 de Octubre de 1805 en Trafalgar a bordo del “Victory”, desarbolado y hecho astillas por las andanadas de los cañones del “Redoutable”, y así nos lo mostró West por expreso deseo de Nelson y con justicia lo describió el cirujano del “Victory”, el Irlandés William Beatty, a la izquierda de Nelson en el cuadro.
El cuadro realmente es una idealización del acontecimiento porque West no estaba en la batayola del “Victory” aquella mañana, pero Beatty si; por alguna razón era el ayudante del cirujano del barco. Nelson caminaba por cubierta durante el combate dirigiendo la acción con su amigo el Almirante Thomas Hardy, entonces comandante del Victory, al volverse Hardy hacia él vio que Nelson yacía en la cubierta malherido en el hombro izquierdo por un disparo que le cruzó la espalda. La bala le entró por la escapula y le atravesó en dos la medulla. Lo sé porque Beatty me dijo esto hace no mucho en un breve e interesante relato que describe con precisión el acontecimiento, como fue la herida, su muerte y como hizo la autopsia para posteriormente embalsamarlo metiendo su cuerpo en un barril de ron y especias. El librito de título breve se llama: “Authentic Narrative of the Death of Lord Nelson, with the Circumstances Preceding, Attending and Subsequent to that Event, the Professional Report of His Lordship’s Wound and Several Interesting Anecdotes”. En el momento de ser herido lo retiraron de la cubierta con un pañuelo en la cara para que nadie lo reconociera y eso no desanimara a la tripulación que permanecía enfrascada en el combate. Su muerte, como realmente ocurrió fue recreada en este cuadro de Arthur William Devis……
Unas horas más tarde de ocurrir la escena que describo, llegaría el conocido beso de Hardy, que es el preciso momento que el cuadro recrea. Hardy bajó en dos ocasiones a la cubierta inferior para informar sobre el desarrollo del combate mientras Nelson yacía en una improvisada cama. Cuando el momento de despedirse para siempre de su amigo llegó, Nelson cercano a la muerte mandó bajar a Hardy a la cabina y después de una conversación sobre el estado del combate le dijo……”Kiss me Hardy”……Hardy se arrodillo y le besó en la mejilla, a lo que Nelson respondió: “Now I am satisfied, thank God I have done my duty”. Hardy se irguió, se puso en pie mirando a su amigo en silencio por unos instantes, volvió a arrodillarse y le beso nuevamente, esta vez en la frente. Nelson en la confusión de ver la muerte acercarse y con dificultades para ver, al besarle Hardy por segunda vez dijo….”who is that? O’Hardy….God bless you.”
Este acontecimiento puede no entenderse bien e incluso desde un punto de vista homófobo sacarse de contexto y verse como una situación propia de la “Royal Gay Navy” o algo ridículo e impropio de un hombre; incluso impropio para un militar o un hombre de mar a los que la virilidad se nos presupone tanto como el valor. La realidad es que esto ocurrió así, como lo contaron Beatty, Hardy y confirmaron el Reverendo Alexander Scott, capellán del Victory y Walter Burke, el sobrecargo que sujetaba la cama donde yacía Nelson; todos ellos en el cuadro. Es sin embargo un momento conmovedor y que manifiesta el espíritu de esa época. Conociendo la personalidad de Nelson es seguramente la muestra de cariño de un tipo de hombres que existieron en las cubiertas de los barcos, en la poesía, en la literatura, el arte, la música, la ciencia y la guerra; es el gesto de un verdadero hombre por su amigo con el que ha compartido momentos intensos y difíciles en los que sus vidas han peligrado. Thomas Hardy acompañó a Nelson en el Cabo San Vicente una mañana fría de febrero en el Atlántico Portugués, en el caluroso y desértico Nilo en el verano de 1798 y en otras muchas acciones y combates; eran verdaderos amigos. Este imborrable gesto romántico (en todo el sentido de la palabra excepto el sexual, heterosexual, homosexual o de una nube color de rosa) aún hoy perdura en muchos hombres y es difícil de entender para las generaciones que lo miran en las distancias de la incapacidad emocional y afectiva.
Siete años antes de esta escena, Joseph Haydn componía la “Missa in Angustiis”. La historia no sería más que la de una composición musical de excelsa belleza pero con una consecuencia histórica detrás extremadamente relevante que no todos conocemos y que cambiaría el sentido de la obra. En ese momento la carrera musical de Haydn estaba en su máximo apogeo, aunque el mundo estaba en convulsión. Los ateos, inmorales, republicanos y revolucionarios franceses amenazaban con imponer sus ideas en el continente (Esto lo digo desde la visión de entonces, como un inglés pensaría). Napoleón había ganado cuatro batallas contra Austria en poco menos de un año. El año anterior había cruzado los Alpes amenazando incluso Viena; el enano atrevido! y en mayo de 1798 se disponía a invadir Egipto con el propósito de destruir las líneas comerciales Británicas con la India y Asia. En agosto ocurriría un acontecimiento que cambiaría el mundo, junto con Trafalgar siete años después y que harían de la desazón que transmite la “Missa in Angustiis” un sonido de celebración y alegría. Sin duda alguna el enano Napoleón tuvo mucha suerte de cruzarse en dos ocasiones con la flota de Nelson en aguas del Mediterráneo y que ningún vigía en cubierta adivinase las velas enemigas en la oscuridad de la noche. Creedme, la historia de Europa sería muy diferente, ……….pero escuchad lo que entonces emanaba de las partituras de Haydn.……
https://www.youtube.com/watch?v=G5FA9zFa3R8
Una vez más tengo una historia común con todo esto. Casualmente era 1 de agosto de 2006 (parte de esto lo escribí aquella mañana al llegar a mi camarote) cuando el barco en el que navegaba por aquel entonces, el “Methane Arctic”, recalaba en la costa de Egipto para cargar gas natural en un puerto llamado Idku. Eran las 3 de la mañana y al cambiar la carta náutica para trazar un nuevo rumbo de recalada a Idku en una carta más detallada, un portulano, descubrí que este nuevo puerto estaba en una bahía muy conocida por mí en la historia. Estaba en la bahía de “Abu Qir” o “Aboukir”, situada en el Delta del Nilo entre Alejandría y Rosetta y entendí perfectamente donde me encontraba y que el amanecer que estaba viendo, que fue casual para mí, no lo fue para la flota británica del Mediterráneo mandada por Nelson. Aquella mañana, 208 años antes, Napoleón trataba de extender la guerra revolucionaria Francesa a Asia comenzando por la invasión de Egipto; con ese propósito y con un gran secretismo zarpó de la base Francesa de Toulon en Mayo de 1798 hacia Malta. El almirantazgo británico preocupado por los movimientos Franceses decidió enviar una escuadra mandada por Nelson desde su base en el Tajo, Lisboa. Nelson después de un período obligado de reposo en su amada y añorada Merton (hoy un barrio de Londres) tomó el mando de la flota. Nelson venía de ganar dos presas españolas en la batalla del Cabo San Vicente con el almirante John Jervis el día de San Valentín de 1797 y la razón de su reposo fue la pérdida del brazo derecho en el asedio de Santa Cruz de Tenerife en Julio de ese mismo año; era tuerto, o no lo era del todo pero había perdido parcialmente la visión del ojo derecho por las heridas de metralla del impacto de una bala de cañón durante un combate en Calvi, Córcega; era un oficial intrépido y muy experimentado en escaramuzas con Españoles y Franceses y bloqueos de sus bases, pero como todos: nunca había cumplido su deseo de combatir en mar abierto contra una flota enemiga, así lo cumpliría en Trafalgar. Cuando Bonaparte concluía el asedio de Malta y reemprendía viaje hacia Egipto, Nelson reunía su flota en Gibraltar y los ingleses entraban en el Mediterráneo por vez primera después de un año. Comenzaba una intrépida, extenuante, obstinada y desesperada persecución de dos meses por todo el Mediterráneo. La noche del 22 de Junio, sin avistarse mutuamente, los adelantaron, retrocedieron, recorrieron todos los rincones del Mediterráneo desde Toulon, Génova, Cerdeña, Sicilia, hasta bahías y ensenadas del Norte de Africa. Todo el mar, sin éxito pero con tenacidad. Nelson en un momento escribiría: “It is an old saying, ‘the Devil’s children have the Devil’s luck.’ I cannot find, or at this moment learn, beyond vague conjecture where the French Fleet are gone to. All my ill fortune, hitherto, has proceeded from want of frigates”. El 24 de Junio aprovisionaron en Siracusa, Nelson determinó, sin inteligencia alguna, que la flota Francesa estaba en el Mediterráneo Oriental y dirigió su flota hacia el Peloponeso. El 29 de junio Napoleón alcanzó Alejandría, desembarcó su ejército invasor, asedió la ciudad y fondeó el grueso de su flota en Abu Qir, un lugar que el almirante Brueys considero una posición defensiva formidable. En Korini (Peloponeso), Nelson recibió noticias del ataque francés a Alejandría a través de un bergantín Portugués y entonces decidió adelantar las fragatas de exploración “Alexander” y “Swiftsure” a Alejandría a investigar y zarpar más tarde con flota completa en esa dirección.
El 1 de agosto los vigías de la fragata “Zealous” en un reconocimiento costero avistan 13 barcos de línea de la flota Francesa fondeada en Abu Qir y Nelson inmediatamente manda la señal a su flota: “Prepare for Battle” y poco después “Engage the enemy”. No recuerdo bien los detalles de lo que ocurrió esa mañana según lo cuenta el escritor y poeta romántico Robert Southey en su biografía de Nelson (Southey on Nelson – Harper Collins), aunque 208 años después yo estaba allí y casi pude verlo a través de mi imaginación. Podía incluso oler la madera quemada, la pólvora y ver los cascos de los barcos de línea franceses desarbolados y humeantes. Al dejar la guardia corrí a mi camarote a escribir lo que había visto: La flota francesa de Napoleón había sido quemada, hundida, apresada y aniquilada por completo.
El verano de 1798 era por tanto terrorífico y cuando Haydn terminó la composición de su misa, en el catálogo aparecía como “Missa in Angustiis” o “Mass for Troubled Times”. Lo que Haydn no sabía cuando la compuso y más tarde estrenó el 15 de Sept de 1798, era que las noticias que venían del Mediterráneo Oriental y que su audiencia y él mismo debieron escuchar cambiaban el sentido de su obra: el 1 de Agosto Napoleón Bonaparte “was dealt a stunning defeat in the ‘Battle of the Nile’ by the british fleet lead by Admiral Horatio Nelson”. Por esta casualidad la misa empezó a ser conocida como “Lord Nelson’s Mass” y asi se conoce en la actualidad.
La realidad de la batalla de Trafalgar es que fué la mayor tragedia de la historia naval Española y Británica. Nelson murió como un héroe, como el hombre que había sido desde que nació, el líder no solo de una flota naval sino de un país entero. El cuerpo de Nelson permanece en la catedral de San Pablo, al contrario que todos los heroes y prohombres británicos que descansan en Westminster, y reposa en un ataúd construido con la madera del casco del “L’Orient”, el buque insignia de Napoleón hundido en la Batalla del Nilo. En España se perdió una generación entera de valientes y heroicos marinos, no solo bravos guerreros al mando de naves destinadas a la guerra, sino el espíritu de una Armada que trajo las mayores glorias a España. No me refiero a glorias militares, me refiero a la Armada ilustrada que representaban hombres de bien como Jorge Juan, Cosme Damián Churruca, Federico Gravina o Dionisio Alcalá Galiano. Esa Armada y sus hombres representan una tradición científica, técnica e incluso artística sin igual en la historia marítima de España. Fue una generación de marinos que exploró los mares mas lejanos de la Península Ibérica al tiempo que lo hacían el conocido James Cook o el francés La Perouse. Cartografiaron estrellas del cielo, tierra y mares, sentaron la bases matemáticas para realizar cálculos astronómicos y de navegación que aún hoy se usan. Investigaron formas de medir el tiempo con cronómetros marinos para poder calcular la longitud geográfica. Exploraron el continente Americano y parte de Oceanía haciendo estudios de fauna y botánica, población, costumbres indígenas, meteorología, corrientes marinas, geología y geografía física. Todos ellos formaron parte de una generación excepcional de hombres que llevarían el Imperio Español al lugar que nos corresponde en la historia y creo que de lo que ellos hicieron sí podemos sentirnos orgullosos. A veces olvidamos que nosotros también podemos sentirnos de esa manera, por lo que hemos hecho ser a otros como a los ingleses y por lo que hemos hecho por nosotros mismos. En ocasiones pienso si los ingleses nos tienen más respeto que nosotros nos tenemos a nosotros mismos y a nuestros compatriotas. El himno de la Armada Española recuerda que Imperio Español vino por los caminos del mar y que la victoria vendría en Lepanto y la muerte en Trafalgar. Los marinos Españoles que murieron en la batalla de Trafalgar o como resultas, meses después, de las heridas que sufrieron en el combate descansan hoy en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernándo en Cádiz. Cosme Damián Churruca y Elorza, reconocido científico y brigadier Español de Motrico, Vizcaya, combatía esa mañana a bordo del buque de línea San Juan Nepomuceno. Cuando sintió que había sido herido al perder el equilibrio, bajó la mirada y vió que una bala de cañón de 18 libras le había arrancado la pierna por debajo de la rodilla. La bala después había herido a dos más por las astillas que saltaron del impacto en la cubierta, una clásica herida. Arengó a sus compañeros, se levantó y metió el muñón en un barril de harina para contener la hemorragia y mantenerse estable, murió dulcemente desangrado poco después. Seguramente nadie le recuerda, como no recordamos a otros muchos. Pero así somos……y así le recordamos al morir un día como hoy hace 210 años en el Museo del Prado pintado por Eugenio Álvarez Dumont.
Por último (si habéis llegado hasta aquí), sugiero a los que estáis en Londres os metáis en la Jubilee line hasta Canary Wharf y al salir del tubo caminéis hacia el Este recorriendo Harbour Quay por Blackwall Basin a la izquierda hasta un pub a la orilla del rio llamado The Gun, en el número 27 de Coldharbour. En esa época, en esa zona de la ciudad estaban los astilleros y las fraguas donde de hacían los cañones y las balas de cañón. En sus breves temporadas de descanso Nelson se paseaba por allí inspeccionando la construcción de los cañones. Después se iba a una posada a la orilla del Támesis, donde hoy esta el pub y se encontraba con su amada Lady Hamilton (Esa es una de las historias de amor mas bonitas de la historia de las aventuras amorosas y de las infidelidades también). En el Gun se tomaban un poco de Oporto y subían al piso de arriba a recuperar el tiempo perdido y tan solo compartido en la distancia a través de apasionadas cartas de amor que aun se conservan, escritas durante tantos días en la mar combatiendo Franceses y Españoles.
Au revoire!





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