Llego unos días tarde, pero son los días perfectos para contar algo. El Lunes era ideal porque una estupenda tormenta visitó la ciudad durante la noche y la paralizó por unos días. Mientras el terreno de Houston abraza y engulle de nuevo las aguas caídas me he dedicado a escribir sobre esta historia observando los nidos de las palomas en el balcón y siguiendo los viajes de mis barcos desde casa. Hoy Jueves noche ya casi todo esta seco, pero sigue siendo ideal por otras razones……
Pienso que en ocasiones creemos que hay acontecimientos en la vida que no se repiten. Ya sea bien por lo excepcional, por lo extremo o por la escasa probabilidad de un acontecimiento similar; muchas veces pensamos que algo no volverá a ocurrir y esto o nos asusta por su magnitud o nos hace celebrarlo y disfrutarlo de manera intensa. La realidad también por otro lado es que muchas cosas buenas ocurren, viéndolo mejor mas bien todas, aunque en la mayoría de las ocasiones no tenemos la oportunidad o la fortuna de volver a verlas repetirse, por ejemplo la visita de un cometa….

Durante los años que he pasado vagando por el mundo, muchas cosas han quedado en el camino del recuerdo y no se bien donde paran: si en forma de objeto dentro de una caja de cartón en el trastero o en el profundo recuerdo que la situación mas inesperada vuelve a hacer florecer. Me refiero a recuerdos anclados a esos objetos, a personas con las que he compartido experiencias y a experiencias que van enganchadas a personas de manera inseparable. En ocasiones esos recuerdos aparecen vestidos de las formas mas fascinantes, surgiendo de nuestra cabeza inesperadamente como un destello que recuerda a una persona que no ves desde hace tiempo, una persona que nunca mas volverás a ver mas o algún trasto perdido que te recuerda a algo fascinante del pasado. Muchas veces no vemos que esos acontecimientos fraguaron de un modo inequívoco nuestra vida presente, la marcaron y le dieron la forma que va adquiriendo con el paso del tiempo; aunque no somos plenamente conscientes o no recordamos con claridad el porque, estamos hechos de todo lo que observamos y vemos; de lo que vivimos.
Esta pasada navidad revolviendo cajas llenas de viejos objetos y recuerdos en el trastero de casa de mis padres en Cercedilla encontré uno de aquellos libros de navegación que mi abuelo Cesar, al irse acercado el final de sus días me regaló. Dentro del libro había un pequeño dibujo; uno de esos destellos que te transportan a días pasados y lugares familiares. Mi abuelo, viajero incansable, no llevaba cámara fotográfica, pero cargaba en su mochila un pequeño cuadernillo donde pintaba todo lo que veía; vírgenes, santos en hornacinas, iglesias, montañas, flores, paisanos de las aldeas, barcos en los muelles; todo lo que llamaba su atención. Casualmente el dibujo que descubrí cumple ahora 30 años. Lo dibujó en la terraza de nuestra casa del Sanatorio de La Fuenfría el 12 de Marzo de 1986 a las 0500 UTC (Tiempo Universal Coordinado – UTC), es decir eran las 0600 de la mañana hora Peninsular.
Aquella madrugada, a duras penas podía mantener los ojos azules abiertos, lógicamente se me caían, tenia tan solo diez años. Era probablemente la primera vez que salía de fiesta con mis hermanos por la noche. Pude abrir los ojos grandes en la oscuridad de la noche y ver algo increíble. Como todos los niños, aún siendo curioso, era bastante ignorante y no creo tener mucha conciencia de lo que veía y en mi escaso periodo de tiempo en la vida no podía darme cuenta de la magnitud y el poder de la imagen, pero recuerdo que me gustó mucho.
El poder de su luz retenía toda mi atención y su misteriosa cola helada sobrevolando las cumbre de la montaña en frente de casa junto a la compañía de mis padres, Laura, Teresa, Santiago y mis abuelos, hacen que lo que veía lo tenga hoy de algún modo especial grabado en el recuerdo y en el corazón. Lo que mi abuelo dibujó y todos vimos aquella noche forma parte de esos destellos excepcionales de la vida. Era el cometa Halley.…..

El Halley nos visita de pasada en el sistema solar por unos días cada 75 años. Es el único cometa que es visible con claridad al ojo humano y es el único cometa que el ser humano puede ver en dos ocasiones en su vida. Astrónomos Chinos y Babilonios fueron los primeros observarlo y registrar sus visitas desde el año 240 AC, aunque fue el astrónomo Edmund Halley, Astrónomo Real del Observatorio de Greenwich, el primero en describir la periodicidad de su órbita en 1705, razón por la que lleva su nombre.
Yo no se si al final de mi vida a los 85 años seré agraciado con la fortuna de poder volver a verlo, no ha transcurrido aún ni la mitad de la órbita y mi padre me recordaba que mi abuelo aquella noche dijo que mi hermano Santiago sobreviviría para poder verlo de nuevo. Santiago entonces tenia 4 años. Patrick en cambio tenia 2 y ayer me recordó que a lo que mi abuelo hacia referencia mas concretamente y sin pelos en la lengua es a que en 2061 ya habré palmado antes de poder volver a ver el destello de hielo, polvo y gas que desprende su atmósfera al acercarse a sol. Quizá…
Pero, paralelo al descubrimiento del dibujo de mi abuelo hace 30 años, hoy ocurre otro acontecimiento bastante insólito. Bueno vale, quizá no insólito o excepcional como el cometa, pero si muy afortunado. Hoy cumplo 40 años; no se como ha podido ocurrir esto, pero dicho llanamente: esta bastante guay!!. La realidad es que de habernos visitado el Halley en 1976, ya he recorrido la mitad de su órbita, un viaje por la galaxia de la vida que hasta hoy ha sido fascinante, intenso y apasionante; cargado de las mejores fortunas y aventuras acompañados por la mejor tripulación que un navegante de la vida pueda tener…..tengo mucha suerte, es bastante guay la verdad. Sin duda, he tenido oportunidades de quedarme en el camino, una que recuerdo (algo sanguinaria) fue con 14 años cuando le di un pelotazo a la lampara de cristal del portal de la casa y se me rompió en la cabeza haciéndome un corte de 14 puntos en la sien…mi abuela, andaluza, por supuesto decía que la sangre bajaba por las escaleras como un rio…mi madre llevan una blusa verde que después era roja…tumbado en la camilla mientras me cosían el destrozo sentía que caminaba dentro de un túnel muy oscuro en dirección al último jardín cuando los pinchazos de la aguja de la costura en la sien iluminaban el camino como bombillas centelleantes a punto de fundirse manteniéndome por fortuna despierto….

En fin, la predicción de mi hermano Patrick es razonable, pero espero estar vivo el 28 de Julio de 2061 para poder recordar este día del dibujo 75 años después. Hasta entonces voy seguir enrredando y trataré de estar estar tan vivo como hoy a los 40..…porque estamos hechos de sueños y promesas que siempre deseamos recordar, por tanto siempre debemos rendirnos a la tentación de cumplirlos, desearlos y compartirlos…..y mucho más aún cuando las jóvenes caras se van haciendo mayores y los un día corazones ardientes se van enfriando con el tiempo……besos…