Tirales del rabo que los toros Madrileños son bienintencionados.

9 de julio – Santa Veronica.

Desde el ventisquero de la Condesa, más arriba de los granitos de las Torres de la Pedriza y entre las cumbres de Cabeza de Hierro y La Maliciosa, bajan las aguas del deshielo por los canchales a hidratar a los toros bravos sedientos después de corretear por las vegas de la Sierra del Guadarrama llenas de cantueso y tomillo. Parecen ser los más rápidos y agiles y dicen que aunque tienen pitones son bienintencionados y deben parecer ser tranquilos cuando se sientan al fresco de la noche en los encinares de la ribera del Manzanares al canto de los Cárabos y las Lechuzas. La reconstrucción Europea del plan Marshall trajo una cosa muy buena a los toros “cebolleros” de Villar del Rio. Dos Iglesias; una la iglesia de San Juan Bautista que estaba allí desde el siglo XVI y una nueva que pusieron de cartón-piedra para recibir al susodicho Míster. A esta de papel maché van a encomendarse los toros antes de zarpar para los chiqueros Pamplonicas. En la libertad de las alturas donde han crecido se ejercitan mirando las cumbres de la Cuerda Larga, y tranquilos esperan llegar la hora de la temida carrera. No han visto los cuadros de Goya un poco más abajo en el museo del Prado, pero cuando van a encomendarse a esa iglesia de papel deber ser que algo temen en su destino final………..

Al detonar el cohete, el policía golpea el portalón del chiquero con los nudillos y después lo aporrea con las palmas, pero los toritos bienintencionados parecen estar aún perezosos o hipnotizados con el dulce hu-hu-huuu del cárabo. El cordón policial aguanta a los corredores encomendados a San Fermín, pero de la calle abajo no sale ningún astado hasta que dos desafiantes negros se lanzan como bólidos a la marea de bravos corredores y detrás van obligados sus otros cuatro hermanos asustados y arropados por los mansos. El primero arranca muy veloz y los demás van más lentos; estos bienintencionados con tremenda cornamenta  gacha y bien puesta conocen su cometido. Esta mañana querían hacerse oír hasta en el extranjero dando una lección a los que creen que correr toros bravos en Pamplona es algo que se lee en una guía turística del Lonely Planet. Como para todo o casi todo en América siempre hay un libro y para esto del correr hay uno que se llama “How to Survive de Bulls of Pamplona”. El libro desprende de toda gracia popular los encierros y los tecnifica al punto de que en él puede leerse desde cómo elegir las zapatillas hasta como tirarse a la baldosa de Estafeta cuando los pitones te rascan la cacha del culo.

Parafraseando la canción de los Sevillanos “No me pises que llevo chanclas”, que mi primo Alvaro cantaba…….de esas calles de Chicago que yo tanto frecuento, a un tal Bill del barrio de Edgewater de Chicago se le ocurrió frecuentar las calles de Pamplona esta mañana antes del desayuno. El gringo iba pertrechado de tirantes rojo, blanco y azul, su pantalón y camisa blancos y había leído ese libro; mas aun, lo había escrito él mismo buscando la fortuna literaria como hacen inútilmente los nutricionistas tejanos. Que despropósito que en Telefónica un torito cebollero le ha metido el cuerno por el muslo al gringo pendejo y se lo ha sacado por la entrepierna, ha perdido los zapatos, raspado la pantorrilla en el adoquín y menos mal que no lo ha trincado de los tirantes de barras y estrellas y lo ha revoleado al campanario de San Ignacio en Azpeitia (Guipúzcoa). Los americanos lo ven y dicen: “O!’it’s sooo gross”…..ahiva, pues no te metas txoo!! Que dirán……

Aunque es Santa Veronica, solo las verónicas de Bill fueron las brillantes, el resto fue un despitorre de atropellados, corneados y contusionados.

http://news.nationalpost.com/2014/07/09/bill-hillmann-author-of-how-to-survive-the-bulls-of-pamplona-gored-by-bull-in-pamplona/

safermin2

Manolito Jeminguay (no pretendo, pero ya me gustaria ser Hemingway).

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